El nombre de Homero,
y su asociación con la autoría de la Ilíada
y Odisea, es un invento literario griego (probablemente de
la costa jonia de Asia Menor) ocurrido varios siglos después
de ser ya bien conocidas estas obras por el mundo helénico.
Así, a pesar de que la Ilíada y Odisea
fueron obras profundamente arraigadas en el espíritu helénico
(algo parecido al Torah en el judaísmo o los Evangelios
en el cristianismo), los griegos desconocían, a ciencia cierta,
el origen de estas obras. Hoy, información moderna derivada
de varias investigaciones interdisciplinarios, nos permite hacer inferencias
bastante bien razonadas sobre el origen de estas obras.
Homero, a singular
diferencia de otros autores y sus obras (por ejemplo Virgilio, y su
hermosísima Eneida), es histórico en el sentido de ser
un proceso evolutivo y no un personaje de quien se tiene poca o mucha
información biográfica: el "Homero" de cuando
aquellos bardos, autores de estas obras, recitaban sus rapsodias recién
compuestas (± 1,050 aC.), tuvo que haber sido bastante distinto
al "Homero" conocido a tavés de los siglos subsecuentes;
así, se podría decir, aunque el argumento es académico,
que el verdadero "Homero", sin errores de transcripción
y sin interpolaciones arrogantes, solo se conoció brevemente
durante las décadas incipientes de la Ilíada
y Odisea (y no se sabe, a ciencia cierta, si otras obras acompañan
a estas), y ahora, en la modernidad, cuando se empiezan a entender
estas obras en una luz que se extinguió cuando "Homero"
fue "guliverado", por decirlo así, y firmemente atado
a la fortaleza de TROYA VIII (Hissarlik) en Asia Menor.