HOMERIZACION DE LA HELADE


En la medida que Homero encontró arraigo en el alma griega —es decir, en aquellos descendientes de no-troyanos (= dánaos) venidos a la Hélade de diversas comunidades aquí y acullá esparcidas a lo largo de la Península Itálica— así, paulatinamente, toda la onomástica geográfica asociada con aquellos quienes, en un tiempo, habían ido a la guerra contra Troya, fue asignada a tal o cual lugar de la Hélade. Culturalmente, dejaron de existir dánaos y troyanos, y la pregunta surgió sobre quiénes eran los pelasgos, y como se distinguían éstos de los helotas, la población autóctona.

 


Los griegos fácilmente pudieron identificarse con la Ilíada (aunque erróneamente), por ser descendientes de dánaos que alguna vez habían ido a la guerra contra Troya, y, en tiempo, fueron asignando toponimia de menor importancia asociada con celebres ciudades conocidas de Homero, Esparta, Atenas, Argo, y muchas otras, a lugares donde parecería razonable que hubiera existido tal o cual población durante esa remota época. No pudo la audiencia de Homero quedar más que perfectamente azorada del vastísimo caudal de información arrojada por esas hermosísimas épicas, y, paulatinamente, la Hélade quedo completamente homerizada.

En lo que se refiere a la Odisea, los griegos no pudieron identificarse con la línea narrativa en forma substancial: teóricamente, la Odisea debió haber ocurrido en aguas del Egeo, o por lo menos, el Mediterráneo Occidental, en la región general entre Troya en el noroeste de Asia Menor y la isla de Itaca a la boca del Golfo de Patras en la Hélade oriental; en vez, la intelligentsia griega endoso la idea que Odiseo vago sin rumbo en aguas del Mediterráneo Oriental, ya que nunca pudo encontrar alguna justificación plausible para relacionar sus desventuras con tal o cual lugar en el Egeo o Mediterráneo Occidental, sencillamente porque Troya —o, mejor dicho, Iliria— jamás exporto población o geografía, ni mucho menos los mitos, leyendas e historias concomitantes, al Egeo o la costa de Asia Menor.

Si ciertamente se puede afirmar que existen islas en el Egeo con nombres estrechamente asociados con Troya desde la remota antigüedad —Lesbo, Lemno, Imbro, Ténedo— donde acontecieron algunas desventuras de Odiseo, también, ciertamente, se puede afirmar que no se transfirieron estas asociaciones míticas, legendarias, históricas, ya que, al transferirse nombres del Adriático al Egeo, las islas dejaron de formar parte de una geografía troyana, y quedaron solo como identidades o unidades culturales sin ninguna razón especifica para entenderlas como islas "troyanas".

Así, Homero quedó "guliverado" a un contexto de Asia Menor, sujetado, inmóvil, impotente en arrojar ni una jota de información fidedigna; el mundo académico lo examina detenidamente y, por fin, cuando parece haber una panorama estable y un consenso general sobre tal o cual relativo a Homero, un vistazo de reojo nos dice: "algo anda mal..." ¡Claro, que algo anda mal, es la premisa!