Si la figura de
Agamemnón es medular a la línea narrativa de la Ilíada
como jefe supremo de la expedición dánaa contra la nación
troyana, entonces, ciertamente, fue Odiseo quien hizo posible el arribo
y la logística de la expedición dánaa dándole
una lugar en territorios de su dominio, de donde, el día propicio
nueve años después, se llevaría a cabo un asalto
naval definitivo sobre territorio troyano (el Catálogo de
naves). Fue durante este periodo que bardos (o maestros) de Itaca,
ubicada en la sombra de Samo al extremo occidental de Nerito, hicieron
cortas excursiones a las playas donde los dánaos acampaban,
y, mezclándose entre ellos, recogieron un censo detallado sobre
sus lugares de origen en la Península Itálica, información
que los propios censados no sabían ni tenían razón
para saberlo sería vertido en el Catalogo de naves.
Al concluir la Guerra
de Troya, Odiseo recorre lo largo de la ex-costa troyana durante muchos
años, tocando diversos puntos tanto en tierra firme como en las
islas; una interpretación de este exilio nunca muy lejos
de su Itaca nativa es que purgaba de su alma, tanto los crímenes
cometidos durante la guerra, como su traición de Troya al permitirle
a Agamemnón acceso a territorio troyano, y, más adelante,
la introducción del enemigo en el recinto de Ilio; otra interpretación
es que hacia labor de proselitismo ilirio.
Es con la Caída
de Troya, ± 1,200 aC. que el término ilirio
entra en existencia histórica como el nombre colectivo de varias
tribus independientes (aunque íntimamente relacionadas en su
origen en una estirpe eslava común). Posteriormente, anécdotas
griegas preservaron la historia que un tal Iliro fue el ancestro epónimo
de estas tribus, quien (según una versión) era descendido
de Cadmo (de donde la inferencia de un parentesco con los cadmeos, ocupantes
de Tebas). Los griegos también preservaron la anécdota
que fue Odiseo, quien, además de la muchas cosas terribles que
hizo, asesino al niño Astianax, hijo de Hector y Andromaca, quien
sería el primero de una genuina estirpe troyana, anatema a la
idea de un nuevo orden político ilirio.
Se aprecia que la
Ilíada y la Odisea son obras de origen troyano
o, si se gusta, de origen ilirio, o itaquense, o hasta órfico;
pero independientemente de llamarlas como mejor convenga, resalta el
hecho que estas obras fueron composiciones creadas en Itaca, y obras
profundamente arraigadas a la región, y por ende, obras perfectamente
bien entendidas localmente por aquella audiencia que tenía, en
caso de necesitar cualquier aclaración sobre esto o aquello,
acceso directo a la autoría (o colegiado) responsable de su creación
y su custodia; fue al salir de este contexto local una exportación
en distancia y en cultura que la Ilíada
y la Odisea dejaron de ser una unidad continua, y que Homero
dejó de arrojar verdades geográficas e históricas,
y de tener sentido común.