Al comenzar esta primera página, ruego al coro del Helicón
que venga a mi alma para entonar el canto que recientemente consigné
en las tablas, sobre mis rodillas una lucha inmensa, obra marcial
llena de bélico tumulto deseando que llegue a oídos
de todos los mortales cómo se distinguieron los ratones al atacar
a las ranas, imitando las proezas de los gigantes, hijos de la tierra.
Tal como entre los hombres se cuenta, su principio fue del siguiente
modo: