| BREVE HISTORIA DE UNA IDEA |
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± 1964 "FOOLS WALK
IN, WHERE ANGELS FEAR TO TREAD..." Me interesaba estudiar la naturaleza, o el estado que guardaba, el mercado libre de esos tiempos, unos 1,000 años antes de Cristo, específicamente desde el punto de vista de la praxiología misesiana (lo que en aquel entonces se llamaba la escuela de economía austriaca). Pensé que la Ilíada seria una buena fuente de información, y, además, el mundo académico podría arrojar análisis interesantes, si bien no específicamente sobre asuntos económicos, si sobre la naturaleza de estructuras sociales de la época. Así, fue importante ubicar la ciudad Troya correctamente, es decir, Ilio, que también era llamada Ilion, y establecer posibles caminos y rutas marítimas, ya que una popular tesis (que a la fecha sigue gustando) sustentaba que el control de los Dardanelos era un tanto como sinónimo de control de los mercados de trigo venidos a comunidades en el Egeo de territorios de Ucrania. Además, era necesario tener una clara noción de la logística, no solo de los aqueos, llevados lejos de sus fuentes de ahorro a luchar contra troyanos, sino también de los troyanos mismos, quienes, sitiados durante largo tiempo, también tuvieron necesidad de un recurso al ahorro. Yo no tenia la menor idea en lo que me metía, como en esa hermosa canción romántica, Fools walk in, where angels fear to tread... Casualmente, en esos días leía una obra de Robert Graves, The White Goddess, an historical grammar of poetic myth, que repentinamente hizo cambiar el rumbo de mi vida: el mundo de los negocios en el que mi padre me había encaminado sencillamente no era para mi. Supongo que cada quien le saca a esta obra lo que se le antoje, y en mi caso fue que forjé una lealtad incontrovertible con la verdad poética. Poetas entienden lo que digo, y los hombres de prosa solo pensaran que soy prosaico. Esta obra la he leído muchas veces desde entonces, y a la fecha la considero no solo una obra de exquisita belleza, sino, más, una aportación literaria de trascendental valor Decidí estudiar el texto de la Ilíada directamente, y no a los académicos que decían lo que Homero decía (había estudiado algo de griego, además de las aburridísimas Ilíada y Odisea, en Saint John's College, en Annapolis). Descubrí que Ilio, la que también se llamaba Troya (no aprendí a distinguir entre un nombre y el otro hasta una docena de años después) fue una ciudad maravillosa: estaba rodeada de una muralla, con un amplio portón y un robusto encino (o ¿roble?) a un lado, y mas adelante el peñasco donde donceles solían enamorar a doncellas, y adentro, en lo alto, estaban los aposentos reales, pero en cierta parte mas abajo había una cámara de tesoros, y de ahí, mas o menos en frente, un templo. No creí plausible interpretar esta ciudad en términos arquitectónicos, algo así como si fuera un fuerte de la Edad del Bronce, ni tampoco como una "ciudad" sigmunfroidiana. No me parecía imposible que Ilio fuera, sencillamente, una ciudad literaria, como aquella Nueva Jerusalén descrita en el libro de Revelaciones (21, 2), "...adornada como una novia para su esposo", o, como la "ciudadela iliona" de Virgilio, en Butrinto. A propósito de esta "ciudadela iliona", se me ocurrió (fue una idea, de esas, involuntarias, como termitas espirituales que de pronto hacen horadaciones en la tranquilidad) que a Virgilio se le había escapado la extraordinaria oportunidad de ubicar una Troya poco mas al norte de Butrinto, entre Dubrovnik y Espalato, y de esa manera dejar la obvia insinuación que las invasiones de los dorios, llegadas a Grecia desde mas o menos esta región en el norte, hubieran sido, en realidad, la continuación de un conflicto bélico, una venganza troyana sobre los griegos. Todo esto que ahora narro, no fueron mas que suspicacias iniciales que culminaban en tonterías mas o menos bien lucubradas.
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